Lea si quiere

El país de los hombres invisibles

In Uncategorized on 07/03/2009 at 4:23 pm

Luego de estar fuera del país por un año y aprender por fin a a valorar mi pedazo de tierra, a extrañar a mi gente, arribo al aeropuerto con unas ansias enormes de abrazarlos, de ver cómo esta de cambiado todo, de oler,  de sentir la tranquilidad de una ciudad muy lejos de ser una enorme metrópolis, confiada de que mi ciudad esta mas bella que nunca, que tiene un acuario con especies nunca antes vistas en una ciudad, que se puede salir de noche, caminar tranquilo y que se le han abierto las posibilidades de cambio a muchos barrios antes olvidados.  Pero al tomar el taxi que me lleva desde el aeropuerto hasta mi casa, la realidad cambia en menos de quince minutos. Comenzamos a charlar y el tono de voz comienza a bajar, pienso para sí “jum mal presagio” pero sigo atenta a sentir por la ventana el frescor del aire y la panorámica de la ciudad.  Había olvidado por completo que aquí se debe hablar así cuando se trata del gobierno, de los militares, de los paramilitares, de la guerrilla o de cualquier milicia, pandilla o agrupación , y me entero de que Medellín está asustada, está sombría, está silenciosa. Que hay una neblina invisible que  esta cubriendo de nuevo nuestras calles, que la limpieza es inminente y que es mejor no salir de noche.

Pensé que era un mal chiste, les dije “yo leía la prensa a diario y no decía nada malo”, a lo que solo recibí unos hombros levantados y un cambio de tema abrupto. En realidad quedé de una pieza, no sabía que pensar. La cara de satisfacción por mi regreso mezclada con una angustia aún sin fundamentos hacía que se me revolviera el estómago. “No entiendo bien qué es lo que está pasando” pensaba mientras recordaba que leía que Juanes había sido declarado yo no sé que cosa muy importante, que la ciudad estaba hermosa, que varios canales de TV internacional habían hecho especiales sobre Colombia, que Ingrid había sido liberada, que se habían desmantelado las “pirámides”,  que los barrios estaban coloridos, que la gente por primera vez gritaba patria, que podía verse un semblante diferente después de haber pasado por el horror de los 90, en fin, que la ciudad era un nuevo paraíso, que había muerto “Tirofijo” y que la guerrilla estaba siendo replegada y que el desarrollo se había instalado y pensaba quedarse por un buen tiempo.

Y me comí el cuento; la gente me preguntaba sobre “los  capos”, sobre la guerrilla, sobre todos los conflictos del país y de “la ciudad de la droga” y yo les decía con total confianza “está todo muy cambiado, Medellín no es la misma de hace 15 o 20 años, los niños aprenden música, tienen ludotekas y bibliotecas, y hay muchos parques para que la gente vaya tranquila; cuando quieran pueden ir, no les va a pasar nada, mi casa es su casa”. Recordé esas palabras y me sentí asustada, responsable, ignorante, imbécil. Me sentí parte de un juego, manipulada, usada, desengañada. ¿Cómo es que no me dí cuenta? ¿por qué nadie me dijo nada? ¿Qué pasa con los medios de comunicación Colombianos?  El solo recordar la infancia de miedo, las balaceras,  el temor de no volver a ver a los seres queridos, es algo que no se le desearía a nadie en el mundo; había dejado un país parcialmente tranquilo para volver a mi nueva ciudad y había sido timada. Ahora, después de casi 13 años de vivir en “paz” vuelven las armas, las amenazas y las legitimaciones de organismos diferentes a la policía o los militares, simplemente porque el estado no encuentra una solución mejor a una problemática por años invisibilizada. Aparecen unas “organizaciones” creyendo tener el valor moral de decir que una “limpieza social” es inminente. Personas que con una ortografía terrible reclaman que las prostitutas deben morir, que los indigentes y los drogadictos son escoria y que ya están avisados. Un capítulo que se parece a la quema de brujas en la Inquisición española, o  a cualquier capítulo de la historia fascista de nuestro mundo y que se hace ver como un problema alejado de los estrados y escritorios del poder ejecutivo.

Me pregunto que pasará ahora. Se lo pregunto a muchas personas pero nadie concuerda en una respuesta única Nadie quiere hablar todos susurran, como hombres invisibles transitan por las calles con los sentidos atrofiados y se esconden como ratas, como seres insignificantes sin criterio ni valor, corroborando lo que hace muchos años, pese a mi corta edad sé: Que aquí no hay sociedad civil, no hay democracia, no hay nada…

Algunos dicen que es una manipulación del estado para generar shock en la población, otros hablan de un líder de la mafia que quiere apoderarse de la ciudad, otros dicen que están haciendo lo posible para que la cumbre del BID no se realice en la ciudad. Francamente todas son posibles, y solo espero que no sean todas juntas. Volvió a mis hombros la carga de un país con esperanzas inmortales y con el peso de la historia y el dolor de cada uno de nosotros. Volvió la espera, el silencio y las ganas de cambiar el mundo, de ser una heroína como Policarpa Salavarrieta. Pero hoy no será, tengo 22 años y no quiero morir como mártir por un país cada vez mas ciego, cada vez más arrodillado y más mendigo.

No hoy.

  1. Hola Melpo,

    Desafortunadamente sí somos como hombres invisibles, como títeres que nos limitamos a trabajar y tratar de sobrevivir mientras otro decide si dispara la bala perdida que nos puede matar, y otros deciden que les interesa más salvar su pellejo de alcalde y presidente que reconocer que el país está literalmente vuelto mier…

    Lo más grave, es que los medios muestran una cosa, otra es la que vemos nosotros acá como almas felices estrato 3 (porque sí, en este país ser estrato 3 ya es mucha dicha) y otra muy distinta la que está en las lomas y que quienes tienen en control de la opinión pública.

    No digo más porque acá me puedo quedar todo el día…

    Laura

    • Hola Lau, tienes toda la razón. Ojalá algún día dejemos de ser invisibles y nos pongamos los pantalones. Un abrazo gracias por pasarte.

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